- Descubrir qué facetas del yo, de la intimidad, del secreto y de la experiencia personal nos son más fértiles para alimentar nuestra escritura.
- Leer y estudiar diversas formas y técnicas de los llamados «textos del yo»: el diario, la epístola, la memoria, la autobiografía, la autoficción, la confesión…
- Escribir nosotros mismos un «texto del yo» en base a las consignas propuestas en el aula.
Toda escritura del yo es un ejercicio de búsqueda, una pregunta por la existencia, una mirada a la humanidad desde lo que nos es más próximo, más tangible, más íntimo: nuestro propio cuerpo. Desde luego, lo personal es polémico: hay quien lee «las literaturas del yo» como un gesto egoísta, pero también nos convendría pensar en que quizás los textos que nacen de lo íntimo también respondan a esa participación en el reto común y universal que los humanos nos impusimos hace ya muchos siglos: responder a las preguntas de quiénes somos, qué hacemos aquí, cuál es nuestra historia. Toda escritura del yo —o lo que es lo mismo, ese cúmulo de géneros en el que incluiremos la autoficción, el diario íntimo, la autobiografía, la confesión, el autorretrato, la epístola, la memoria— es una invitación a la generación de ideas, un generoso-género literario no tan fácil de elaborar, no tan egoísta, no tan evidente como pareciera. El yo también puede ser la base de la más elaborada de las ficciones. Una verdad privada también puede estar plagada de múltiples y jugosas mentiras. De ahí las preguntas a las que responderemos leyendo, debatiendo y escribiendo juntos: ¿qué hacer con lo íntimo en la escritura? ¿Dónde esparcir nuestros secretos? ¿Cuánto espacio ceder a la experiencia? Y, por supuesto; ¿qué significa esta necesidad de contarlo todo?
Por Luna Miguel.