«Vida privada»: 4 lecciones sorprendentes sobre Josep Maria de Sagarra que reescriben la historia de la novela catalana
[Por el Equipo de Redacción]
Todo el mundo tiene en mente la imagen de un autor con una trayectoria indiscutible, pero quizás un poco alejado de las realidades y debates actuales. Cuando pensamos en Josep Maria de Sagarra (1894-1961), solemos visualizar al aristócrata, al señor que amaba el lujo y llevaba una vida fácil; lo que hoy llamaríamos un pijo.
Pero esta imagen, que el propio Sagarra intentó cultivar por incomodidad, jugó en contra de su recepción y oscureció el proyecto literario modernísimo y profundamente ambicioso que había detrás de su obra más famosa, Vida privada. Esta novela, escrita en un tiempo récord en el verano de 1932, no es solo un fresco escandaloso de la Barcelona de los años 20 y 30, sino una fundación de la modernidad catalana.
En una de las sesiones del ciclo Novelas sobre Barcelona llevado a cabo por la Escola d’Escriptura de l’Ateneu Barcelonès, el poeta, ensayista, crítico literario y profesor de la Escola Sam Abrams desempolvó esta imagen tópica para revelar los aspectos más sorprendentes y contraintuitivos de la obra y la visión de Sagarra. Abrams mostró Vida privada en toda su dimensión: no como un documento de época, sino como un artefacto literario de una modernidad que aún hoy interpela.
1. El hombre del lujo escondía un sentido del deber ineludible
La percepción popular y crítica a menudo describió a Sagarra como un escritor poco esforzado, poco trabajador e incluso populista; un hombre que daba constantemente una imagen de facilidad. Esta aureola del artista despreocupado le jugó en contra.
La realidad era radicalmente diferente: Sagarra tenía un sentido del deber y de la responsabilidad muy profundo. Ponía literalmente toda su obra —tanto en verso como en prosa— al servicio de su comunidad, su lengua, su literatura y su cultura. Su objetivo no era la gloria personal, sino asegurar la continuidad de la tradición catalana y ser digno heredero de quienes le habían precedido, como Jacint Verdaguer.
Su ingente obra, que incluye más de treinta obras dramáticas, novelas, crónicas de viaje (La ruta azul), memorias, artículos, la traducción íntegra de La Divina Comedia y casi toda la obra teatral de Shakespeare, demuestra que era un autor intensamente dedicado.
2. El listón en Europa: dejemos de decir que es solo «local»
Uno de los objetivos centrales de Sagarra era normalizar y modernizar la cultura catalana para llenar las lagunas que encontraba en la tradición. Creía que la literatura catalana era intrínsecamente de valor universal y competitiva, y que debía medirse con las otras culturas de Europa y del mundo.
Esta ambición lo llevó a crear una novela, Vida privada, que pretendía ser de nivel europeo y no meramente local. Sagarra quería situar Barcelona en el mapa cultural de Europa, como otros grandes autores habían hecho con sus ciudades (Joyce con Dublín o Dickens con Londres). Cuando la novela se publica en 1932, entra directamente en la «liga» de los autores más relevantes del momento, como Thomas Mann, William Faulkner o Louis-Ferdinand Céline.
De hecho, esta fue la conclusión del escritor y crítico Josep Pla, que resumió la calidad y la ambición de la obra con una frase demoledora contra quienes la veían solo como un roman à clef sobre el escándalo barcelonés:
«Un libro de una normalidad europea incuestionable».
3. Un cóctel de géneros sin reglas y un narrador amoral
La novela del siglo XIX estaba marcada por las normas del realismo y la plausibilidad, codificada y —según los modernos— demasiado restrictiva. Sagarra, en cambio, buscó recuperar la libertad creativa de la novela que había existido en los siglos anteriores.
El método que utilizó fue el eclecticismo. Vida privada no se limita a un solo género, sino que mezcla con coherencia más de diez subgéneros en un texto único: es una saga familiar (pero concentrada, de 384 páginas), una novela histórica que contesta la pregunta de la decadencia familiar, una novela social, antropológica, psicológica y filosófica (influenciada por la tesis de La decadencia de Occidente de Spengler). Esta mezcla sin costuras era impresionante para la época.
Además, el narrador de Sagarra es flexible, amoral y escéptico, una novedad en la literatura catalana del momento. No juzga ni intenta imponer un mensaje didáctico, sino que se limita a explicar las cosas tal como las encuentra. Esta falta de moralismo fue parte de lo que causó el escándalo inicial, ya que la crítica reaccionaba en términos morales y no artísticos.
4. La rebelión lingüística: voluntad de lengua ágil y natural
En una época de consolidación normativa del catalán (la obra de Fabra), Sagarra tomó una decisión radical que demuestra su prioridad por la creatividad: creó una tensión entre las exigencias académicas de la lengua y su propia vitalidad.
Sagarra no duda en utilizar la lengua hablada de Barcelona con todas sus «corrupciones» y variantes. Además, fue pionero en incorporar nuevos lenguajes, incluyendo una cantidad notable de anglicismos, en su texto. El objetivo era claro: conseguir una lengua ágil, versátil y natural que se adaptara a sus necesidades como creador, por encima de las peticiones de la academia.
Como resultado, el lenguaje de Vida privada refleja el mundo en transformación que retrata: un mundo que rápidamente pasó de una sociedad agrícola a una urbana e industrial, donde los valores y la religión iban perdiendo su espacio en cada generación.
La modernidad inevitable
Vida privada no es solo un documento histórico, sino un texto fundacional y un referente de la modernidad catalana. Sagarra fue un cronista que supo atrapar el presente reciente y candente de su ciudad con una distancia objetiva sorprendente, utilizando técnicas que hoy encontraríamos naturales en series o películas.
La obra —con su complejidad tonal, su ritmo narrativo sincopado y su voluntad de capturar los puntos de fractura de un mundo en cambio— es una novela que resiste. Ahora la pregunta es: ¿podrá la complejidad y el dinamismo de esta obra cautivar a la juventud actual, a pesar de la distancia histórica, y consolidarse definitivamente como el clásico moderno ineludible?