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¿Me cuentas un cuento? De la tradición oral a la literatura contemporánea

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Los profesores y las profesoras de cuento no lo tienen fácil para explicar (fuera de contexto, en el bar o en una reunión de vecinos de escalera) a qué se dedican.

Imaginaos el diálogo:

—Entonces ¿das clases de…?

—Cuento.

—Aaaaah, ¿cuento infantil?

—No, cuento para adultos.

—Vaya, ¡qué interesante!, ¿cuento para adultos?, o sea, ¿cuento erótico? 

—Nooooo, bueno, no necesariamente, son clases de cuento “contemporáneo”.

—¡Oh! ¡Cuento contemporáneo!… Ya, entiendo, pero… ¿eso qué es?


Pues de eso va este artículo: a ver si conseguimos salir del laberinto.

Cuento contemporáneo: ¿eso qué es?

Hay historias que ocupan quinientas páginas y otras que apenas necesitan dos, cinco, diez o algunas más para quedarse contigo para siempre. El cuento impacta y se clava en tu memoria o, al menos, es a eso a lo que aspira. Quizás por ese motivo sea un género que “engancha” a quienes lo prueban.

La historia del cuento comenzó… 

¡Uf!

…mucho antes de que existiera la escritura o los libros. Durante siglos, los cuentos viajaron con quienes los contaban, recorrieron amplios territorios y cambiaron con cada narrador y cada público oyente. 

Hoy, el cuento contemporáneo es una forma de narrativa breve que ha llevado mucho más lejos las posibilidades de concentración, sugerencia, ambigüedad y experimentación del cuento tradicional.

El género sigue ocupando un lugar destacado en la literatura y en las preferencias de lectores y lectoras, aunque su forma y sus objetivos han cambiado profundamente y su heterogeneidad es inmensa.

Del cuento tradicional al cuento moderno

Los primeros cuentos transmitidos oralmente cumplían funciones muy diversas: entretenían, transmitían enseñanzas, explicaban el mundo….

Con el tiempo, algunas de esas historias pasaron al papel. Perrault y los hermanos Grimm recopilaron cuentos populares que hasta entonces habían sobrevivido gracias a la tradición oral y, algo después, Hans Christian Andersen —entre otros— comenzó a publicar relatos originales concebidos como obras de autor. El cuento empezaba así a convertirse también en una forma de creación literaria individual. 

Aunque este cambio evidencia la evolución de cuento popular a cuento literario, todavía faltaba definir qué diferenciaba a un cuento (bueno o menos bueno) de una simple historia breve.

Edgar Allan Poe y la unidad de efecto

En el siglo XIX, Edgar Allan Poe (probablemente el propietario del gato negro más famoso de la historia) escribió algunos de los relatos más influyentes —e inquietantes— de la literatura universal y, además, fue uno de los primeros autores que intentó explicar a qué debía aspirar un cuento realmente moderno.

Poe defendió que un relato debía poder leerse «de una sola sentada». Una cuestión de intensidad (no solo de brevedad), porque una lectura continua permite mantener intacta de principio a fin la atención del lector.

De esa reflexión nació la unidad de efecto, uno de los conceptos fundamentales de la teoría del cuento. 

Poe sostenía que el escritor debía saber desde el principio (cuando ideaba su cuento) qué emoción quería provocar en lectores y lectoras, y poner todos los recursos narrativos al servicio de ese objetivo. Es decir, los personajes, la atmósfera, el ritmo o el desenlace no funcionan por separado. Ni hablar. No se trata de una suma aleatoria de aventuras o desventuras. Cada elemento debe contribuir a una misma impresión final.

Y casi dos siglos después, la idea continúa vigente y sigue siendo una de las claves para entender y analizar el cuento moderno.

Entonces, ¿qué caracteriza al cuento contemporáneo?

Breve, intenso, elíptico, sugerente… 

El cuento contemporáneo adopta formas distintas y aborda las temáticas más variadas, pero estos cuatro rasgos (y alguno más) nos proporcionan algunas pistas para entenderlo.

Una narración en la que nada sobra

Breve y concentrado. En el cuento no debería sobrar nada. Cada escena, cada personaje y cada detalle cumplen una función. Esa economía narrativa permite que la historia avance con una intensidad difícil de mantener en otros géneros.

La fuerza de lo que no se dice

Elíptico y sugerente. Muchos relatos sugieren más de lo que explican. El lector debe completar silencios, interpretar gestos o descubrir relaciones que el texto solo insinúa. En muchos cuentos, un diálogo cotidiano o una decisión aparentemente insignificante bastan para transformar por completo el sentido de la historia.

Un efecto que permanece

Otros autores buscaron intensidad por caminos distintos. Jorge Luis Borges convirtió el cuento en un espacio para explorar el tiempo, la memoria o la identidad. Franz Kafka hizo de la incertidumbre una experiencia literaria. Shirley Jackson demostró que el horror podía surgir en el escenario más cotidiano. Julio Cortázar renovó el relato fantástico. Mercè Rodoreda aportó una voz de enorme fuerza poética, y escritoras como Cristina Fernández Cubas, Mariana Enríquez o Samanta Schweblin continúan hoy ampliando las posibilidades del género.

A pesar de sus diferencias, muchos de estos autores y autoras comparten una misma aspiración: lograr que el cuento siga resonando en la memoria del lector cuando la lectura ya ha terminado.

Lo que dicen quienes cuentan

Afortunadamente no existe una única definición de cuento. A lo largo del último siglo, escritores y escritoras han destacado aspectos muy diferentes del género: su concentración, su intensidad, lo que oculta, lo que desvela, la relación que establece con el lector… y la libertad de un género que sigue explorando nuevas posibilidades.

1. Julio Cortázar 

«El cuentista sabe que no puede proceder acumulativamente, que no tiene por aliado al tiempo; su único recurso es trabajar en profundidad, verticalmente.»

2. Grace Paley 

«It does the things that poetry used to do for me, which is to bring spirit and action and language together in an extremely economical way.»

3. Flannery O’Connor 

«The peculiar problem of the short-story writer is how to make the action he describes reveal as much of the mystery of existence as possible.»

4. Lucia Berlin 

«It helped me as a young writer to not show off and not try to be romantic, or try to be funny, but to let the story be itself.»

5. Ricardo Piglia 

«El cuento es un relato que encierra un relato secreto.

No se trata de un sentido oculto que dependa de la interpretación: el enigma no es otra cosa que una historia que se cuenta de un modo enigmático. La estrategia del relato está puesta al servicio de esa narración cifrada. ¿Cómo contar una historia mientras se está contando otra? Esa pregunta sintetiza los problemas técnicos del cuento.

Segunda tesis: la historia secreta es la clave de la forma del cuento.»

6. Quim Monzó 

«En un cuento, todo el desarrollo tiende a un fin, que no tiene por qué ser sorprendente. La sorpresa es un mito.»

7. Roberto Bolaño 

«Nunca abordes los cuentos de uno en uno. Honestamente, uno puede estar escribiendo el mismo cuento hasta el día de su muerte.»

8. Sergi Pàmies 

«Mi modelo literario es densidad, concentración y brevedad.»

9. Chimamanda Ngozi Adichie

«Short stories occupy a much more abbreviated space, and so I pay attention to everything.»

10. Samanta Schweblin — Argentina

«El cuento es como un túnel vertical que se hunde hacia el centro de la tierra, su profundidad puede ser kilométrica, pero, desde la superficie, pareciera no tener más de un par de metros.»

El cuento: inesperado e inevitable

Vivimos rodeados de historias breves (noticias, publicaciones en redes sociales, mensajes publicitarios…) que compiten constantemente por captar nuestra atención. 

Pero muy pocas de esas historias permanecen en nuestra mente (o en nuestro  corazón) ni siquiera unos minutos después de leerlas o escucharlas.

El cuento (un buen cuento) sí lo consigue. En apenas unas pocas páginas, nos atrapa y nos sumerge en otro mundo: dejamos de estar donde estamos y miramos, sentimos y pensamos desde otra experiencia vital. 

Un buen cuento es pura «magia». Quizá por eso seguimos siendo “adictos” al cuento. Porque cuando un cuento funciona, cuando todos sus elementos encuentran su lugar y la historia consigue atraparnos por completo, sucede algo difícil de explicar: lo inesperado resulta ser inevitable.

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