El taller literario más caro del mundo
[Por Pau Pérez]
El taller literario más caro del mundo cuesta 4.800 dólares al día. Hay chef gourmet. Tiene vistas al Pacífico. Y la mujer al frente se hace llamar Book Mama o, a ratos, partera de sueños. En 15 años, Book Mama ha organizado un centenar de retiros de escritura, de cinco días de duración, a 24.000 dólares la experiencia. La inscripción es para mujeres, seis por grupo, y siempre ha habido lista de espera.
Book Mama es Linda Sivertsen, ghostwriter de dos bestsellers de la lista del The New York Times —imposible saber cuáles, oficio obliga— y autora de un manual sobre cómo convertirse en una escritora de éxito cuya contracubierta la describe, sin asomo de ironía, como una autora de la que nadie ha oído hablar.
El taller se desarrolla en el hotel La Playa, una mansión que el pintor paisajista Christian Jorgensen construyó como estudio de invierno junto con su esposa, Angela Ghirardelli, heredera de un imperio chocolatero. El ahora hotel está ubicado en la pequeña localidad de Carmel-by-the-Sea, California, bastión de jubilados pudientes cuyo alcalde más insigne ha sido Clint Eastwood. Tras el terremoto de San Francisco de 1906, muchos autores célebres escogieron Carmel para vivir. Jack London, Sinclair Lewis o la precursora del nature writing Mary Austin escribían sus novelas por las mañanas, se reunían a mediodía para asar mejillones en la playa y se pasaban la tarde charlando y mirando al mar. Más o menos igual que las seis inscritas en el taller de escritura a 24.000 dólares pero sin chef gourmet para los mejillones.
Sivertsen advierte en su web de que si alargas tu estancia más allá del taller el precio del hotel puede resultar demasiado elevado. Bueno, son 800 dólares la noche. Una ganga si se compara con los 600 dólares la hora que cuesta el taller de escritura. Las jornadas se reparten entre tutorías individuales de 45 minutos —en las que estás invitada a presentar tu novela o a llorar si eso es lo que necesitas—, largas sesiones de escritura en solitario en la habitación con cama king size, lecturas en grupo, paseos y un poco de shopping —sin pasarse, que hay que escribir—.
Cinco días mal contados —es evidente— no enseñan a escribir a nadie. Y, en el caso de que consigas publicar, recuperar en royalties los 24.000 dólares exige que vendas una enorme cantidad de ejemplares. No, la inscripción no responde a razones académicas ni a un elemental cálculo coste-beneficio. Sivertsen dice en su web: «Mi objetivo es ayudarte a estar lista para los agentes y facilitar ese contacto cuando lo estés». A continuación acepta que: «Es una inversión considerable, quizás más de lo que nunca hayas gastado en ti misma». Y remata: «He ayudado a conectar a más de 50 participantes del retiro con agentes literarios a una tasa 26 veces superior a la media nacional». ¿Cuál es esa tasa y quién la mide? No lo dice.
Sivertsen se ha ganado su autoridad con el podcast Beautiful Writers, uno de los más populares de Apple. Por él han pasado Ann Patchett, Dean Koontz, Mary Karr, Deepak Chopra o Tom Hanks —sí, Tom Hanks ha publicado relatos en The New Yorker o The New York Times—. El podcast es gratuito. El taller cuesta 24.000 dólares. El cebo funciona.
El permiso social para llamarse escritora puede parecer caro, pero no lo es para quien no pierde demasiado tiempo pensando en qué se gasta el dinero. En el taller de Carmel no se compran destrezas ni trucos de un oficio; se compra identidad. Se compra un yo, en un mundo en que, pese a los lloriqueos de muchos escritores, la figura del novelista goza de un prestigio sorprendentemente mayor que el de muchas otras tan o más dignas.
El mercado lo sabe. Y especialmente el estadounidense. De ahí que los grados y másteres en escritura se cuenten en aquel país por muchos centenares. De ahí que sea posible ofrecer un retiro de cinco días a un precio que prácticamente dobla la renta per cápita mundial. Dicho de otra manera: el taller de Carmel cuesta lo mismo que lo que la mayoría de los habitantes del planeta gana en dos años (y si hablamos solo de las habitantes, pues imaginemos).
Cuando a principios del siglo XX, la novelista Mary Austin llegó a Carmel, huía de un matrimonio deshecho y estaba sin un centavo. Escribió allí cuatro libros en cuatro años. A pesar del enorme reconocimiento que obtuvo, nunca ganó dinero, y a ella le hacía mucha falta. Más que llamarse escritora.